Es el alma de la fiesta valenciana.
Las Fallas no podrían sobrevivir sin su insignia regionalista.
El fuego, la luz, el fulgor de un momento. Eso es lo que caracteriza al ciudadano de a pie de la ciudad de la Rita.
¡Viva el espíritu valenciano fascinado por la llama consumista autodestructora!
¡Viva la ciudad de la luz!
...y sus sombras.